Loyola
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@- LOS "CUARTELES DE LOIOLA" ¿Por qué con comillas? Porque los cuarteles, con todo rigor, no puede decirse que pertenecieran a Loiola y menos en el tiempo en que se construyeron, sino a Egia o mejor a Altza. Seguimos luchando con los deslindes ¿Loiola, Egia, Altza? Lo que sí esta claro es que la cárcel de Martutene se construyó en terrenos de Loiola, por lo que debería llamarse de Loiola. Se construyó en terrenos de Benartegi-txiki y Benartegi-aundi, tomando un pequeño espacio de Goikoene. En este lugar estaba proyectado construir una zona residencial. Misterios del urbanismo.
Así que aclarada la cuestión ciertamente de poca entidad, si parece, se pueden quitar las comillas, que quizá resulten un poco pedantes. Dentro del plan de construcción de cuarteles que trazó el Ministerio de la Guerra, a principio de siglo, en nuestro entorno, correspondieron los de Ventas de Irún y los de Loiola.
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@ - LA "CÁRCEL DE MARTUTENE
Las cárceles, ya se sabe, tienen mala prensa; quizá, en parte, merecida, pero dada la condición humana parece que son necesarias. La sociedad no desea que desaparezcan, a pesar de que cumplen una misión ingrata, recluir a personas y hacer que cumplan sus penas. Para que cumplan la finalidad social, que se les ha asignado, deben ajustarse a diversos códigos éticos en todo el proceso de su actuación, desde la detención de los presuntos culpables, hasta el que sean sometidos a juicios justos con todas las garantías y, ya dentro de lo que es propiamente la institución carcelaria, contar con todas las garantías organizativas precisas, como el cuidado sanitario, la actividad laboral, la oferta educativa y lograr la integración del interno en la sociedad que es uno de los objetivos principales que persigue la institución. La historia de las cárceles donostiarras es muy larga, como lo eran las viejas condenas, tienen además un historial muy andariego, cambiaban de lugar con cierta frecuencia, hasta que, de momento, ha recalado en Loiola, con el nombre oficial de "Prisión Provincial de Preventivos". Mirando hacia atrás, nos encontramos con la familia de nuestros viejos conocidos, los Engómez, los que fueran patronos de la ermita de Uba, que tenían su cárcel particular, a lo cual les daba derecho por ostentar el prebostato de la villa. Estaba ubicada en la calle Narrica, cerca de las murallas. Esto ocurría en el siglo XIII. Pero la villa quería tener una cárcel pública propia. El lugar elegido fue la llamada Torre Sagramenteria. No se sabe, exactamente, dónde estuvo situada esta Torre. Al parecer se encontraba en las afueras de la ciudad, en un lugar arenoso, porque los guardianes de la misma alegaban que los presos podían escapar de ella construyendo un túnel en la arena. Los militares tenían resuelto el problema. Habían puesto la cárcel para la jurisdicción militar en el Castillo de la Mota. La Cárcel del Consulado estaba en el muelle de la Torre del Consulado. En ella encerraban a quienes habían sido condenados por cuestiones marineras. Así que de cárceles no estábamos mal servidos. Fue muy famosa la llamada Cárcel de la Compañía, situada en la calle en aquella época llamada de la Trinidad. Hoy, convertida en casa de vecinos, sigue en pie, entre la plaza de la Trinidad y la calle Santa Corda. Decretada por Carlos III la expulsión de los jesuítas, y ordenado el aprovechamiento de sus edificios para menesteres sociales no se les ocurrió otra cosa que habilitar ese hermoso edificio, que había servido de colegio a los alumnos de los jesuitas, para cárcel. Se nos antoja un cambio un tanto fuerte, contrario aquel grito de los hijos de la revolución, que pedían "Cárceles no, escuelas sí". Se invirtieron los términos. Se suprimió una escuela para poner en su lugar una cárcel. Pero los presos estorbaban, aún estando en la cárcel. Se pensó alejarlos del centro de la ciudad. Llevándolos a una cárcel modelo en el extremo Nordeste, frente a la playa de Ondarreta. Los reclusos fueron trasladados a ella a finales de 1890. Esta cárcel húmeda y oscura fue utilizada durante medio siglo. La primera piedra de la última cárcel, hasta ahora vigente en San Sebastián, la de Martutene, se colocó el día 7 de octubre de 1944. Los terrenos que ocupó la cárcel de Martutene pertenecían al caserío Benartegui, casa natal de Joaquin San Sebastián. Joaquín nos dice que eran propiedad del Conde de Peñaflorida, que los vendió al Ayuntamiento el año 1942, por 18 pesetas el metros cuadrado, y a su vez el Ayuntamiento los cedió al Estado, para que se construyera en ellos la Prisión Provincial, sin indemnizar a los inquilinos del caserio Benartegui-txiki. La muga entre Loiola y Martutene, -nos aclara el mismo Joaquín San Sebastián- se situa en la erreka existente entre los Pabellones de Areizaga y la prisión y desde el río atraviesa la actual carretera a Hernani, las vías de Renfe y llega hasta la cantera de "Sardinas". Cercano al río y en esta misma zanja, sigue en pié el caserío Benartegui-aundi -hoy sus terrenos están dedicados a viveros- que al igual que Benartegui-txiki siempre pertenecieron a Loiola. La denominación "cantera Sardinas" se debe a que la proyectó Domingo Sardinas.
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